Días 7-9: Tallin
El itinerario continúa hacia Estonia atravesando el bellísimo Parque Nacional de Gauja, un espacio natural que combina bosques densos, colinas suaves, ríos serpenteantes y formaciones geológicas llenas de misterio. Este parque es una joya del norte europeo y alberga algunos de los paisajes más evocadores del viaje. El Castillo de Turaida, con sus torres rojizas dominando el valle, ofrece una de las panorámicas más inolvidables del recorrido. Sigulda, con sus ruinas medievales, añade un matiz romántico a la visita. Esta zona es también un paraíso para los amantes de las actividades al aire libre: en invierno se practica esquí y trineo, mientras que en verano los ríos permiten deportes acuáticos tranquilos y rutas de senderismo suaves entre bosques.
Antes de llegar a Tallin, donde se harán dos noches, se recomienda una parada en Pärnu, la capital estival de Estonia, conocida por sus playas amplias, spas históricos y un ambiente costero relajado.
Tallin es una de las capitales medievales mejor conservadas de Europa. Nada más llegar, el viajero descubre un casco antiguo declarado Patrimonio de la Humanidad, dividido en tres zonas bien diferenciadas que permiten comprender la evolución histórica de la ciudad. Toompea, la colina desde la que se gobernaba en época danesa, conserva edificios institucionales, miradores privilegiados y la majestuosa catedral ortodoxa Alexander Nevsky, uno de los símbolos más reconocibles de Tallin. Muy cerca se encuentra la catedral luterana, más sobria pero igualmente evocadora, cuyos muros exhiben los escudos de las familias báltico‑alemanas.
La Ciudad Vieja, por su parte, es un entramado de callejuelas adoquinadas, plazas medievales, antiguas casas gremiales y murallas perfectamente conservadas, con torres que parecen salidas de un cuento. Este ambiente histórico convive con una vitalidad contemporánea sorprendente: cafés bohemios, estudios de diseño, librerías, restaurantes creativos y mercados llenos de vida.
La tercera zona histórica, la llamada Ciudad Estonia, muestra la transición hacia un estilo más comercial y burgués, reflejo del desarrollo urbano que definió la ciudad en los siglos posteriores.
El día 9, tras dejar el coche de alquiler en el aeropuerto, se emprende el viaje de regreso a España.