Días 5-6: Parque Chitwan
Al quinto día, habrá que tomar un vuelo hacia Bharatpur. A la llegada, un coche con chófer nos espera para llevarnos a Chitwan.
Esta región es el Terai nepalí, un Nepal diferente, más verde, cálido y llano, donde la selva y la sabana se suceden formando corredores de vida salvaje. Chitwan, el parque más célebre del país concentra en sus 932 km² bosques subtropicales, pastizales ribereños y ríos donde conviven rinocerontes indios, ciervos, chacales, cocodrilos gaviales y de pantano, delfines de agua dulce y una avifauna tan diversa que convierte cada amanecer en una auténtica lección de ornitología.
Durante la estancia habrá oportunidad de realizar distintas actividades en el parque: salidas en jeep por pistas donde se leen huellas y señales, y paseos silenciosos en canoa por meandros que reflejan el bosque, perfectos para observar martines pescadores, cálaos o cigüeñas asiáticas.
Las caminatas guiadas por la jungla, siempre con naturalistas locales, enseñan a mirar el entorno con otros ojos: insectos hoja, plantas medicinales, árboles que parecen comunicarse y el rastro esquivo del tigre, que quizá no se vea, pero se intuye en el respeto con que todo el ecosistema lo reconoce. A última hora de la tarde, cuando la selva baja una marcha y la temperatura amansa, la actividad se concentra en los claros y las orillas, excelentes para detectar rinocerontes pastando o cocodrilos tomando el sol. Si el día acompaña, se puede presenciar el baño de los elefantes.
Las noches en Chitwan, con el sonido del bosque como banda sonora, completan una experiencia que no promete “verlo todo”, sino entender que la vida salvaje se visita con paciencia, ética y guía experta, poniendo el foco en la observación consciente y en el respeto por los ritmos del parque.